Bogotá. El presidente Gustavo Petro se negó a reconocer el triunfo de Abelardo de la Espriella por menos de 250.000 votos y soltó un discurso largo en redes donde asegura que las actas de escrutinio (los famosos formularios E-14) fueron alteradas desde las oficinas de los hermanos Bautista, esa firma que organiza las elecciones como si fueran un negocio familiar de tamales. Según Petro, antes de la primera vuelta pidió auditoría del software y en la segunda huella digital para que nadie las tocara, pero el registrador Hernán Penagos y el procurador Gregorio Eljach lo mandaron a freír espárragos llamándolo “loco y antidemocrático”.
El mandatario sacó un vídeo donde se ven cambios “premeditados” y advirtió que esto ya es delito contra el voto, no un juego de izquierdosos. Recordó una sentencia del Consejo de Estado de 2018 que decía que el software de los Bautista es más vulnerable que una alcancía de barro en un barrio bravo. Ahora exige revisar digitalmente 122.000 formularios y un acuerdo nacional para reformar todo el sistema electoral, porque “lo demás es traicionar la república”.
Mientras, Iván Cepeda ya anunció que impugnarán 33.000 mesas y el registrador sigue en su puesto como si nada. Colombia, entre tanto, se queda mirando cómo el país del siglo XXI sigue contando votos con métodos del siglo XIX, pero con software que parece sacado de una película de terror barata. Petro cerró diciendo que esto hiere el corazón de la nación. El corazón, y probablemente también la billetera de quien haya apostado al resultado oficial.