Resulta que el presidente colombiano, en un arranque de humildad digna de telenovela de las cuatro, le telefoneó a Donald Trump para rogarle, con educación de ascensorista, que lo borre de la lista negra del Tesoro gringo. Sí, esa misma lista donde lo metieron por supuestos coqueteos con el narcotráfico, junto a la primera dama y el ministro del Interior, como si fueran la pandilla completa de los intocables.
Petro le soltó el discurso con tono de sobrino que necesita que le paguen la fianza: “Sácame de la lista Clinton, que ni siquiera sabía que seguía ahí”. Trump, que al parecer se enteró en ese momento de que toda la familia Petro-Alcocer-Benedetti estaba sancionada, contestó como el tío rico que acaba de recordar que tiene sobrinos: “Haré lo mejor que pueda, porque eres un buen tipo”. Palabras textuales que suenan más a “te perdono la deuda, pero no me pidas el carro otra vez”.
Mientras tanto, Petro presumió de sus logros como si estuviera vendiendo aspiradoras: ya erradicaron casi 30.000 hectáreas de coca de forma voluntaria y esperan llegar a 41.000 para finales de 2026. O sea, que en vez de fumigar como antes, ahora van casa por casa ofreciendo que cambien la mata por yuca y promesas. Trump escuchó atento, probablemente imaginando que la coca se erradica como se quita la maleza del patio trasero de Mar-a-Lago.
El colofón lo puso Petro pidiéndole a Trump que también le eche una mano al próximo presidente, Abelardo de la Espriella, para que no se arme la de Dios es Cristo entre los colombianos cuando llegue el cambio de mando. Textual: “Ayúdame a que el odio no termine en sangre”. Porque nada mejor que pedirle al mismo tipo que te tiene sancionado que te ayude a evitar que te linchen en casa.
Al final de la llamada, Petro se quedó tan contento que hasta tuiteó que Trump “desconocía todo”. Lo que no aclaró es si Trump también desconocía que la llamada era en serio o si simplemente estaba esperando a que le pasaran el recibo de la larga distancia.