La secretaria general de Amnistía Internacional, Agnès Callamard, soltó un comunicado donde acusa a Marco Rubio de montar una ofensiva total contra el Tribunal Penal Internacional. Según ella, Washington no solo quiere sancionar jueces y fiscales, sino borrar de un plumazo la idea misma de que exista justicia internacional. O sea, que los poderosos sigan haciendo lo que les dé la gana y el resto que se aguante.
El anuncio llegó el mismo día en que una fiscal del tribunal estaba en Chad escuchando a víctimas del conflicto de Sudán. El contraste, según Callamard, es de manual: mientras unos buscan que alguien pague por las atrocidades, Estados Unidos responde con “os revoco los visados y os dejo sin vacaciones en Miami”. Porque nada dice “defiendo el orden basado en normas” como amenazar con dejar sin pasaporte a quien investiga crímenes de guerra.
Amnistía Internacional avisa de que si otros países se pliegan a la presión, estaremos inaugurando una nueva era donde los que tienen más tanques también tendrán menos responsabilidades. Callamard pide a todo el mundo que resista, que apruebe leyes para esquivar las sanciones yanquis y que no se deje intimidar por la Casa Blanca. Porque, según ella, ceder ahora es como darle las llaves del bar a los que ya van borrachos.
En resumen, el Tribunal Penal Internacional sigue intentando que los grandes también respondan ante la ley, y Washington responde como el alumno que suspende y decide que el examen estaba mal hecho. Mientras tanto, las víctimas siguen esperando justicia y los poderosos siguen amenazando con quitarle el juguete al árbitro. Porque en este partido, la norma parece ser que solo se cumple la ley si no molesta a quien tiene la cartera más llena.