Desde Palacio Nacional, Claudia Sheinbaum narró su paso por el Estadio Nueva York-Nueva Jersey el lunes 20 de julio, donde apareció en la ceremonia de premiación como si fuera la madrina de un circo internacional. La presidenta mexicana entregó el Balón de Oro a Pedri, el español que organizó el mediocampo como quien dirige una orquesta de saxofones ebrios.
Los jóvenes futbolistas recibieron sus medallas con la misma emoción que niños ante un pastel de cumpleaños gigante. Argentina, por su parte, caminó hacia su afición con la cara de quien acaba de perder las llaves del auto en medio de una tormenta. Messi se mantuvo concentrado, mientras España celebraba el 1-0 de Ferran Torres en el segundo tiempo extra.
La Furia Roja dominó todo el partido, neutralizando a las estrellas sudamericanas con la misma eficacia que un ventilador gigante apagando velas de cumpleaños. Pedri jugó ocho partidos y 504 minutos, moviendo el balón como un taxista que conoce todos los atajos de la ciudad. De la Fuente confió en él como motor del equipo y el resultado le dio la razón.
Sheinbaum describió el ambiente con serenidad, destacando el orgullo de México como sede del torneo. España conquistó su segundo título mundial, rompiendo catorce años sin trofeo, mientras Argentina cerraba un ciclo con elegancia.
En medio del caos de túneles, medallas y ovaciones, la mandataria mexicana cumplió su tarea sin tropiezos, demostrando que entregar un balón puede ser más sencillo que dirigir un país.