En un encuentro que parecía sacado de un guion de comedia histórica con toques de diplomacia moderna, la presidenta Claudia Sheinbaum recibió al rey Felipe VI el 25 de junio en el Palacio Nacional. Durante su conferencia del 26 de junio, relató cómo el tema central giró en torno a la reivindicación de los pueblos indígenas, un asunto que México lleva con la misma seriedad que un contador revisando facturas antiguas pero con mejores intenciones.
El monarca español mostró interés en seguir trabajando el asunto dentro de su agenda, según Sheinbaum. La conversación ocurrió en el Salón Embajadores, con la presencia del secretario Roberto Velasco, el embajador Quirino Ordaz y otros funcionarios. La mandataria explicó la relevancia de solicitar reconocimiento por el daño histórico, más allá de discrepancias puntuales, y subrayó que 28 millones de mexicanos se identifican como indígenas mientras se hablan 69 lenguas originarias. El rey escuchó con atención y acordó profundizar en la cooperación, especialmente antes de la cumbre iberoamericana de noviembre en Madrid, donde habrá una mesa dedicada a pueblos originarios.
Los resultados prácticos incluyeron tres exposiciones en España: una sobre refugiados de la República Española, otra sobre Sor Juana Inés de la Cruz y una dedicada a la cultura maya. Ambos líderes también abordaron la Carta de las Naciones Unidas, la autodeterminación de los pueblos y la paz internacional. Tras la reunión formal, visitaron juntos el mural de Diego Rivera “La epopeya del pueblo mexicano”, donde continuaron charlando sobre la visión de México en el escenario global. El encuentro demostró que el diálogo puede avanzar incluso cuando el pasado se sienta a la mesa como un invitado incómodo pero necesario.