¡Keir Starmer se libra por los pelos! El primer ministro británico evitó este 28 de abril la apertura de una investigación parlamentaria por nombrar a Peter Mandelson como embajador en Washington, a pesar de sus vínculos con el fallecido delincuente sexual Jeffrey Epstein. Este escándalo persigue a Starmer desde que asumió el poder en julio de 2024.
Desde la Cámara de los Comunes, la líder de la oposición conservadora, Kemi Badenoch, acusó a Starmer de mentir sobre el proceso de nombramiento, afirmando que sus declaraciones al Parlamento no eran “correctas”. La polémica ha encendido los ánimos, con algunos diputados cuestionando la transparencia del líder laborista en un caso que huele más a intriga política que a un drama de Netflix.
Tras más de cinco horas de debates acalorados, los diputados votaron en contra de iniciar una investigación para determinar si Starmer engañó al Parlamento. Con una amplia mayoría laborista de 403 de los 650 escaños, el resultado fue de 223 a favor de la moción y 335 en contra. Sin embargo, el dato revela una grieta interna: algunos laboristas apoyaron la investigación, evidenciando un creciente descontento hacia Starmer dentro de su propio partido. Esto es como una rebelión silenciosa en una familia que parecía unida en la foto navideña.
El nombramiento de Mandelson, una figura controvertida por su conexión con Epstein, sigue siendo un dolor de cabeza para Starmer. Aunque ha esquivado este round, el murmullo de deslealtad en sus filas y las acusaciones de falta de transparencia no desaparecen. ¿Logrará apagar este fuego o seguirá siendo un culebrón que amenace su liderazgo? Por ahora, Starmer respira, pero el aire está cargado de tensiones.