La empresa de transporte más querida y odiada de la capital adjudicó el contrato a un consorcio con nombre de telenovela de los noventa: Promesa de Sociedad Futura E-BRT Móvil Provisión S.A.S. Se llevarán 269 buses 100% eléctricos de la marca BYD, entre articulados y biarticulados, más toda la infraestructura de carga, por una suma que da vértigo: 1.5 billones de pesos. Solo hubo tres oferentes, pero eso no impidió que el proceso pareciera una subasta de garaje donde todos querían llevarse el premio gordo.
Con estos cacharros silenciosos la flota subirá de 2.203 a 2.472 buses, un aumento del 12% que en la práctica se notará como cuando tu vecino dice que va a bajar el volumen de la música y sigue igual de fuerte. Bogotá, con sus ocho millones de habitantes, 114 kilómetros de troncales y 143 estaciones, ahora tendrá buses que no suenan pero seguirán atascados en los mismos tranques de siempre, como si la electricidad resolviera el problema de que todo el mundo sale a la misma hora.
El consorcio ganador no solo entrega las máquinas, también diseña, instala y mantiene los cargadores, como quien promete que el celular no se va a apagar en mitad de la llamada. Mientras tanto, los usuarios siguen preguntándose si estos buses eléctricos llegarán tan vacíos como los de ahora o si seguirán tan llenos que parecerán el TransMilenio de siempre, solo que sin el rugido del motor diésel para ahogar los improperios.
En resumen, 1.5 billones de pesos para que los buses no echen humo pero sigan llegando tarde, parando mal y dejando a la gente colgando como en una telenovela de horario estelar. Bogotá avanza hacia el futuro eléctrico, pero el tráfico y la impuntualidad siguen tan analógicos como siempre.