El presidente estadounidense volvió a amenazar con no renovar el T-MEC, alegando que su país no necesita autos, energía ni productos mexicanos. La declaración, emitida desde el Despacho Oval, revive el mismo guion de revisiones cada seis años que él mismo negoció en su primer mandato, aunque ahora parece sorprendido de que el tratado incluya salidas automáticas de diez años si no se alcanza un acuerdo de dieciséis.
México ya entregó su carta formal para extender el pacto, al igual que Canadá. La presidenta Claudia Sheinbaum informó que el documento fue firmado antes del plazo del miércoles, dejando la decisión exclusivamente en manos de Washington. Mientras tanto, el jefe de la Representación Comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, programó nuevas rondas para julio, centradas en elevar el contenido estadounidense en autos hasta el cincuenta por ciento y bloquear beneficios a productos chinos.
Las exigencias de Trump, que incluyen aranceles ya aplicados a vehículos, acero y aluminio, contrastan con su propio elogio anterior al T-MEC como “el acuerdo más justo” de la historia. La narrativa de déficits comerciales desfavorables ignora que el propio tratado contempla revisiones periódicas y que México mantiene una postura clara: cumplir con lo firmado y esperar que la contraparte defina su ruta.
El encuentro virtual de este miércoles entre los tres países determinará el calendario de revisiones dentro de la posible década de extensión automática. Sheinbaum ha reiterado que la desaparición del acuerdo encarecería productos en Estados Unidos, elevando inflación y afectando el consumo, un argumento que coloca la responsabilidad de cualquier ruptura en quien decida no firmar.
El episodio revela más sobre la volatilidad de una postura que sobre una crisis real del tratado. México continúa operando con la certeza de haber cumplido su parte, mientras el debate sobre contenido regional y revisiones sigue su curso habitual sin alterar el rumbo comercial norteamericano.