Washington – El presidente Donald Trump salió otra vez con el látigo en alto y anunció que golpeará a la Unión Europea con aranceles gordos y una investigación comercial formal porque Bruselas le metió una multa de 890 millones de euros a Google. Según él, esto es “conducta ilegal y poco ética”, como si la UE hubiera entrado a su casa a robarle el control remoto mientras dormía.
Trump, desde su plataforma de mensajes, soltó que el bloque “pagará un precio muy alto” y que iniciará de inmediato una investigación para castigar lo que llama “robar” empresas estadounidenses. En la práctica, suena como el vecino del quinto que amenaza con denunciar a la comunidad porque le cobraron la cuota extra por el ascensor. La Unión Europea, mientras tanto, aplicó la norma de mercados digitales y le clavó al gigante tecnológico la sanción más cara hasta ahora, algo que Trump interpreta como un robo a mano armada en plena calle.
El representante de Comercio de la Casa Blanca ya advirtió que esto pone en riesgo la “estabilidad transatlántica”, es decir, que la fiesta de los negocios puede acabar en pelea de bar. Los más agudos ya imaginan la escena como una telenovela de barrio: Trump con el dedo en alto gritando “¡me las van a pagar!” mientras la UE responde con un “esto es por abusar de tu posición dominante, guapo”.
Al final, todo queda en la clásica amenaza de aranceles que nunca se sabe si llega o se queda en el grupo de WhatsApp de las bravatas. Porque cuando dos potencias se pelean por una multa tecnológica, lo más adulto que pasa es que uno amenaza con subir los precios de todo y el otro sigue cobrando como si nada, mientras el resto del planeta paga la cuenta del espectáculo.