Donald Trump, el mismo que parece un tío borracho soltando verdades a gritos en la sobremesa familiar, ha declarado desde su Truth Social que Irán “ha pedido una reunión” para hoy en Doha. Según él, la cosa está tan clara como el agua del grifo de un piso de estudiantes.
Lo gracioso es que el Ministerio de Exteriores iraní respondió con la elegancia de una suegra pillando a su yerno mintiendo: “Ni de coña. No hay reunión técnica ni nada que se le parezca”. Es como si dos ex se pelearan por quién queda con la cafetera y uno de ellos ya hubiera subido la foto a Instagram.
Mientras tanto, Catar y Pakistán hacen de mediadores, es decir, los típicos amigos que intentan que la pareja no se mate a gritos en mitad de la cena de Nochebuena. La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, ha confirmado que Jared Kushner y Steve Witkoff “volarán a Doha”. O sea, que los enviados especiales ya tienen billete y maleta hecha, aunque Irán siga negando que exista siquiera el vuelo.
El resultado es una mezcla absurda: ataques de represalia por un lado, un alto el fuego de abril que parece más frágil que un tanga de encaje, y un memorando de entendimiento que nadie entiende. Un diplomático anónimo ha confirmado a la AFP que sí, que se van a ver. O sea, que al final todos van a Doha, pero nadie quiere reconocerlo, como cuando vas a una boda de excompañeros de trabajo y juras que “solo pasas por ahí”.
En resumen: Trump dice que hay reunión, Irán dice que no, Catar hace de camarero y Pakistán de DJ de fondo. El único que gana es el que venda palomitas en el aeropuerto de Doha. Porque al final, como en cualquier telenovela de sobremesa, lo importante no es el acuerdo… es ver quién se queda con la última palabra antes de que salten los platos por los aires.