El presidente Donald Trump arrancó las fiestas del cuarto de milenio patrio con un mitin disfrazado de discurso histórico en el National Mall. En vez de hablar de la Declaración de Independencia, se dedicó a vender su mercancía como vendedor de enciclopedias en la puerta de un supermercado: “¡Estados Unidos estaba más muerto que un teléfono sin batería y ahora somos el país más deseado del planeta!”. El público, entre banderas y noria de treinta metros, aplaudía como si le hubieran prometido entradas gratis al bingo.
Sin andarse por las ramas, Trump presumió de la guerra contra Irán como si hubiera ganado la lotería con un billete comprado en el mercadillo. También sacó pecho por la captura de Nicolás Maduro, a la que llamó “una de las grandes hazañas militares de la historia”, como si hubieran tomado Caracas con una escopeta de feria y tres globos de helio. En el frente interno, Biden quedó retratado como el responsable de un “desastre total”, mientras que la economía actual genera “19 billones de dólares en inversión extranjera”. Cifra tan redonda que parece sacada de una rifa de pueblo.
La Gran Feria Estatal Estadounidense, que durará hasta el 10 de julio, ofrece de todo: pabellones de los cincuenta estados, exhibiciones aéreas, una noria que da vueltas como la cabeza de un político, carrusel restaurado y un “250” gigante en rojo, blanco y azul proyectado sobre el Monumento a Washington. Los críticos murmuran que el aniversario de una revuelta contra la monarquía se ha convertido en el escenario perfecto para que un presidente se coloque en el centro como el rey del cotillón.
Al final, mientras la gente hace cola por comida regional y bandas militares tocan marchas, Trump sigue demostrando que cualquier excusa es buena para recordarle al país que él llegó, lo resucitó y ahora lo tiene en venta con descuento por tiempo limitado. ¡Feliz 250 cumpleaños, y que no se le olvide el cambio!