El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, soltó esta semana la clásica frase de “yo no tengo nada que ver con mi dinero” justo un día después de que su declaración oficial revelara que sus empresas habían recibido casi 800 millones de dólares de World Liberty Financial, la criptoempresa que él mismo montó con sus hijos. O sea, como cuando alguien dice “yo no robé el banco, solo estaba de visita y me llevé los fajos por error”.
Los papeles de la Oficina de Ética Gubernamental dejaron claro que más de 520 millones llegaron por la venta de tokens y otros 250 millones por vender participaciones del negocio familiar. Trump, sin embargo, lo explicó todo con la misma cara de inocente que pone un niño cuando le preguntan quién rompió el jarrón:
“¿Saben por qué estoy ganando? Porque la bolsa está al alza. Todo el mundo está ganando”.
La frase, digna de un vendedor de churros en la esquina que asegura que “el negocio va bien porque hay sol”, dejó a más de uno con la boca abierta. Porque, claro, el mercado sube para todos… pero solo unos pocos tienen una empresa de criptomonedas con el nombre de la familia estampado en la puerta.
El resto del país, mientras tanto, sigue viendo cómo los números bailan como en una telenovela mexicana de los noventa: traición, dinero fácil, familia metida hasta el cuello y un protagonista que repite “yo no fui” aunque le salga el billete por las orejas.
Al final, Trump consiguió lo que parecía imposible: convertir una declaración de 1.400 millones en un “no es lo que parece”. Como diría cualquier abuelo español: “hijo, si no es tuyo, ¿por qué lo tienes guardado debajo del colchón?”.