El presidente Donald Trump soltó un rugido por redes sociales: ¡nada de suspender los controles de tráfico de ICE! Según él, hay que ser duros, fuertes e inteligentes, y no se puede tirar por la borda “una de las herramientas más eficaces” para pillar delincuentes. Traducido al cristiano: aunque dos hombres terminen baleados en Maine y Texas, los agentes seguirán deteniendo vehículos como si fueran cowboys persiguiendo forajidos en la interestatal.
Todo estalló después de que, con solo seis días de diferencia, dos agentes de ICE dispararan mortalmente a un colombiano en Biddeford (Maine) y a un mexicano en Houston. Ambos eran conductores que, según el Departamento de Seguridad Nacional, ni siquiera eran el objetivo principal de las redadas. O sea, los mataron por error, pero igual los calificaron de “extranjeros ilegales” como quien pone la etiqueta de “frágil” a un jarrón que ya está hecho pedazos.
La orden de pausa temporal llegó el martes… y Trump la anuló al día siguiente con un tuit que parecía escrito por un sheriff de película de los años cincuenta. Tom Homan, su hombre de confianza en temas fronterizos, aclaró que “no es cambio de política, solo una pausa”. Claro, como cuando tu jefe te dice que solo te suspende una semana “para que reflexiones”.
Las protestas ya estallaron en Maine, Houston y Boston, con la gente preguntando por qué los agentes de ICE siguen sin llevar cámaras corporales. Respuesta oficial: silencio de radio. Mientras tanto, Trump insiste en que hay que seguir parando autos porque “es lo más efectivo”. Imaginen la escena: un agente con la mano en la pistola, el conductor con las manos en alto y Trump gritando desde la Casa Blanca “¡sigan parando, que esto es lo nuestro!”.
En resumen, dos muertos por controles de tráfico, una suspensión de 24 horas y el presidente ordenando que se reanude todo como si nada. Porque en esta película, el show debe continuar… aunque el público termine salpicado de sangre en el asfalto.