El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, soltó en plena cumbre de la OTAN en Turquía que Groenlandia debería ser suya y no de Dinamarca, como si estuviera regateando en el mercadillo de los domingos. La ocurrencia cayó como un pedo en una misa diplomática entre dos países que, para colmo, son socios fundadores de la misma alianza militar.
Según Trump, Dinamarca no gasta lo suficiente en mantener esa enorme nevera flotante llena de hielo, mientras que barcos chinos y rusos merodean por allí como adolescentes buscando broncearse en la playa. “Eso es lo que me ha jodido la relación con la OTAN”, bramó, como si Groenlandia fuera una amante que no le contesta los mensajes.
El magnate insistió en que la isla es “importante para Estados Unidos” y que no va a permitir que otros se acerquen. La comparación más absurda llegó cuando aseguró que, a pesar de todo el dinero que gasta en defender a sus aliados contra Rusia, estos ni siquiera le dejan quedarse con un trozo de hielo.
Mientras tanto, el secretario de Estado, Marco Rubio, confirmó que las conversaciones con Dinamarca y Groenlandia siguen mes a mes, como quien va al psicólogo para discutir la custodia de un territorio que ni siquiera tiene palmeras.
En resumen: un tipo que quiere comprar un país entero porque le molesta ver barcos extranjeros cerca de su nuevo capricho. Dinamarca, por su parte, sigue sin entender si le están ofreciendo un cheque o simplemente una colleja diplomática.