El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, soltó este martes que tanto Vladimir Putin como Volodimir Zelenski quieren que la guerra termine de una vez, como si hubieran hablado por teléfono con su suegra y descubierto que los dos prefieren firmar la paz antes que seguir discutiendo la herencia. Tras charlar con ambos, el magnate republicano aseguró que “los dos quieren llegar a un acuerdo” y que es una pena que haya tardado tanto, pero que algo saldrá de todo este lío.
La cumbre de la OTAN en Ankara servirá de escenario para el encuentro entre Trump y Zelenski este miércoles por la tarde. El ucraniano intentará convencer al estadounidense de que Kiev está ganando terreno y de que debe apretar las tuercas a Moscú para que vuelva a la mesa de negociaciones. Mientras tanto, un alto cargo estadounidense anónimo confirmó que Trump también abordará el tema con Putin más adelante, como quien pasa la pelota después de una bronca familiar.
Todo esto ocurre mientras la invasión rusa cumple casi cuatro años y medio, un tiempo que ya supera a muchas series de Netflix que nadie termina. Los dos líderes llamaron a Trump el sábado para felicitarlo por el 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos, un detalle que suena a excusa para no hablar de lo importante.
La relación entre Trump y Zelenski no es precisamente de besos y abrazos. La última vez que se vieron, en la cumbre del G7 en Francia, acordaron presionar más a Rusia, pero en febrero de 2025 protagonizaron un grito en el Despacho Oval que recordaba a una discusión de porteros de fútbol por un penalti inventado. Trump llegó a decirle al ucraniano que no tenía “las cartas” para ganar, como si estuviera jugando al póker con las facturas de la luz.
En resumen: un expresidente convertido en mediador internacional que trata la guerra más sangrienta de Europa como un problema de vecinos ruidosos. Putin y Zelenski, por su parte, esperan que el árbitro no se equivoque de nuevo y les cobre falta por simular.