Donald Trump volvió a montar el numerito en la cumbre de la OTAN en Ankara: ordenó al secretario del Tesoro que cortara de inmediato todo el comercio con España por negarse a gastar el 5 % del PIB en defensa y por no dejarle usar las bases para atacar a Irán. “Son mala gente, ganan mucho dinero a nuestra costa”, soltó el presidente como quien descubre que el vecino le ha copiado la receta del gazpacho.
Lo más ridículo es que ya lo había prometido en marzo y el comercio siguió como si nada. Ahora repite la amenaza con la misma seriedad que un crío que dice “te quito la amistad” por WhatsApp. España, que exporta aceite de oliva a raudales y piezas de coche, respondió con la calma de quien ve a un borracho gritar en la puerta: “Lo tomamos con tranquilidad y normalidad”. Ni una base prestada, ni un euro menos.
Trump también se metió con Dinamarca por Groenlandia, recordando que quiere controlarla como quien reclama el mando a distancia en el sofá familiar. Mientras, el secretario general de la OTAN intentaba apagar el fuego diciendo que España ya subió al 2 %. Trump ni caso: “Hazlo ya, ni hables con ellos, son un caso perdido”.
Al final, la cumbre dejó otro capítulo de sainete: un presidente que castiga países enteros por no apuntarse a su guerra, una España que sigue vendiendo aceitunas como si tal, y una Unión Europea recordando que el comercio se negocia en bloque, no con berrinches de patio de colegio. Absurdo, infantil y con misiles de fondo.