El presidente del Banco Central de Perú, Julio Velarde, aceptó seguir cinco años más en el cargo tras la propuesta de la presidenta electa Keiko Fujimori, como si le hubieran ofrecido quedarse de portero en un edificio donde ya lleva dos décadas aguantando quejas de todos los inquilinos. El hombre lleva veinte años al mando y ha trabajado con más de una decena de presidentes, como el camarero que sobrevive a todos los cambios de dueño del restaurante sin que nadie lo despida.
Tras reunirse con Fujimori en la sede del banco en Lima, Velarde declaró que piensa dedicarse lo máximo posible a la tarea que le encargaron, como quien acepta quedarse a cuidar la casa mientras los dueños se van de vacaciones y dejan al perro más grande. La hija del fallecido Alberto Fujimori celebró la decisión con palabras de alivio, diciendo que era una gran noticia para el país, como si hubiera encontrado al único plomero que no cobra extra por ir los domingos.
El cargo dura cinco años y puede renovarse con cada nuevo mandatario. Velarde, de 73 años y respetado por el mercado, había dicho que si le ofrecían quedarse tendría que pensarlo, pero al final aceptó más rápido que un taxista cuando le ofrecen pagar en efectivo. Los analistas destacan que la inflación se mantuvo baja, con un aumento del costo de vida de solo 1.5% el año pasado, dentro del rango meta. Para este año se espera que suba a 3.8% por el petróleo y el Niño, como una factura que llega justo cuando pensabas que ya habías pagado todo.
En resumen: un banquero eterno que se queda porque nadie más quiere lidiar con la inflación, una presidenta que prefiere al viejo conocido antes que a un novato, y una economía que sigue creciendo al 3.4% como un vecino que siempre encuentra la forma de pagar la cuota aunque le falte para la cerveza. Velarde, por su parte, sigue firme en su sillón mientras el resto del país cambia de presidente como de camisa.