Resulta que el presidente chino recibió en Pekín a Alexander Lukashenko y le soltó el discurso de amigo leal: China apoyará a Bielorrusia en su independencia, integridad territorial y todo lo que haga falta para que no le quiten ni un metro de tierra. Según el Ministerio de Exteriores chino, la cosa va de “comunicación estratégica de alto nivel” para que ambos pueblos salgan beneficiados. Traducido al lenguaje de la calle: “te cubro la espalda mientras tú me compras lo que haga falta”.
La visita llega justo después de que Lukashenko se reuniera con Vladímir Putin, y Zelenski ya anda oliendo la movida: sospecha que el ruso está apretando las tuercas para que el bielorruso meta más hombro en la guerra de Ucrania. Mientras tanto, Xi promete seguir ayudando “dentro de sus posibilidades” al desarrollo de Bielorrusia, como el amigo que te presta el coche pero te recuerda que tiene que devolverlo con el depósito lleno.
Según el canal de Telegram de la presidencia bielorrusa, las relaciones están en su “punto álgido histórico”. Lukashenko respondió con un “esto es exactamente lo que ya habíamos comentado” y un aire de “por fin se cumplen los sueños de cooperación global”. O sea, dos líderes que se dan palmaditas en la espalda mientras el resto del mundo se pregunta si esto es alianza estratégica o simple “tú rascas mi espalda y yo rasco la tuya… con misiles incluidos”.
En resumen: un encuentro de bromance geopolítico, un Putin que tira de los hilos desde la sombra y un Zelenski que mira con el ceño fruncido. Todo envuelto en promesas de soberanía y ayuda mutua, como si el mundo fuera un patio de vecinos donde nadie quiere que le toquen el coche. ¡Qué elegante forma de jugar al ajedrez mientras el tablero tiembla!