¡Damas y caballeros, la pista está caliente! Michelle Bachelet, expresidenta de Chile, está en la carrera por la Secretaría General de la ONU a partir de 2027, y no piensa ceder ni un milímetro en su defensa de los derechos de las mujeres. A sus 74 años, esta veterana política, que también fue alta comisionada de Derechos Humanos, enfrenta críticas feroces de legisladores republicanos de EE. UU. que la acusan de empujar una “agenda abortista extrema” y piden a Washington que le ponga un veto más grande que un muro fronterizo.
Bachelet, con la calma de quien ha visto de todo, respondió que siempre estará “del lado de las mujeres”. Su plan, si llega al trono de la ONU, es asegurar que las agendas de derechos femeninos no queden en el cajón del olvido. Sin embargo, Mike Waltz, enviado de EE. UU. ante la ONU, ya lanzó dardos dudando de su idoneidad, mientras su propio país, Chile, le retiró el apoyo en marzo tras un cambio a un Gobierno de extrema derecha. Menos mal que Brasil y México aún le hacen barra.
Enfrenta a Rafael Grossi de Argentina, Rebeca Grynspan de Costa Rica y Macky Sall de Senegal por un mandato de cinco años, renovable, en una ONU de 193 miembros que está más en crisis que un reality en su décima temporada. La tradición dice que ahora le toca a América Latina, y que nunca sea de los “cinco grandes” del Consejo de Seguridad. Además, en 80 años, ninguna mujer ha liderado. ¿Será Bachelet la primera?
Con menos candidatos que en 2016, cuando António Guterres ganó entre 13, la tarea es titánica: revivir una organización que ha perdido brillo. Mientras, Bachelet sigue en la pelea, aunque su camino parece más complicado que armar un mueble sin instrucciones. ¿Logrará el respaldo necesario o Washington le pondrá el freno? Que comience el drama diplomático.