El gobierno cubano advirtió el miércoles que la postura de Washington en el diálogo bilateral pone en duda su seriedad y responsabilidad, aunque reiteró su apuesta por mantener las conversaciones. Las relaciones se tensaron desde enero tras el bloqueo petrolero estadounidense, nuevas sanciones contra entidades y dirigentes cubanos, y la imputación del expresidente Raúl Castro por el derribo en 1996 de dos avionetas anticastristas con sede en Miami. Ambos países mantienen contactos discretos, como si negociaran en voz baja para no despertar al vecino ruidoso.
La vicecanciller Josefina Vidal, de 65 años y figura clave en el restablecimiento de relaciones en 2015, señaló en una audiencia parlamentaria que espera que prevalezca el diálogo pese a las acciones agresivas de Estados Unidos. La diplomática aclaró que La Habana apuesta por las conversaciones, pero no para que Washington intente dominar el destino cubano mediante presión, coerción o amenazas militares. El gobierno considera que la imputación de Castro, de 94 años, es una acción política para justificar una posible agresión.
El canciller Bruno Rodríguez pidió el martes ayuda urgente a la comunidad internacional en el Consejo de Seguridad de la ONU para evitar un desastre. El secretario de Estado Marco Rubio prefirió una solución diplomática, aunque mencionó otras opciones de Trump, ya que Cuba representa una amenaza para la seguridad nacional. También reveló que La Habana aceptó en principio 100 millones de dólares en ayuda a cambio de reformas. El director de la CIA, John Ratcliffe, sostuvo el 14 de mayo una reunión en La Habana, tras otro encuentro de alto nivel el 10 de abril. Entre acusaciones y ofertas millonarias, el diálogo parece un baile torpe con pasos medidos.