El Ministerio de Agricultura de China anunció que 73 variedades de maíz modificado genéticamente y una de soja han pasado la primera revisión oficial. Ahora entran en un periodo de 30 días de notificación pública donde cualquier persona puede presentar objeciones antes de que se autorice su cultivo comercial. El comunicado oficial llegó este viernes y confirma que el proceso sigue su curso habitual sin sorpresas mayores.
Las variedades ya superaron controles técnicos iniciales y ahora esperan la opinión ciudadana, un paso que suena más democrático de lo que suele ser la aprobación de cultivos en el gigante asiático. Mientras tanto, los agricultores chinos observan cómo estos granos diseñados en laboratorio podrían cambiar la producción de alimentos en un país que importa enormes cantidades de maíz y soja cada año. El ministerio no detalló características específicas de las variedades, pero el hecho de que 74 productos hayan llegado hasta aquí indica que la biotecnología avanza a paso firme en las oficinas de Pekín.
El periodo de objeciones públicas sirve como válvula de escape para quienes temen efectos secundarios en el medio ambiente o en la cadena alimentaria. Hasta ahora, China ha sido cautelosa con los transgénicos, aunque la necesidad de aumentar la producción interna parece estar inclinando la balanza. La soja modificada, en particular, podría ayudar a reducir la dependencia de importaciones desde Estados Unidos y Brasil.
Al final, 73 maíces y una soja esperan pacientemente que alguien levante la mano en los próximos treinta días. Si nadie protesta lo suficiente, pronto podrían terminar en tortillas, aceite y pienso animal sin que nadie note la diferencia entre el campo tradicional y el laboratorio.