El responsable de combustible de la IATA, Daniel Chereau, soltó la bomba en la Conferencia de Petróleo y Gas de S&P Global Energy Middle East: muchas aerolíneas están sufriendo un auténtico terremoto por las subidas del queroseno y algunas ni siquiera pueden cubrirse con coberturas decentes. Otras, más listas o con mejor colchón financiero, resisten el chaparrón, pero el margen de las refinerías las deja con cara de circunstancia.
El famoso crack spread del combustible de aviación en el noroeste de Europa alcanzó en marzo un récord de más de 121 dólares por barril, frente a los 30 dólares previos al conflicto en Irán. Oriente Medio, gran proveedor mundial, ha visto cómo el cierre efectivo del estrecho de Ormuz y los ataques a instalaciones energéticas han reducido drásticamente su capacidad de producción y exportación.
El resultado es una destrucción de demanda que no viene solo del precio del combustible. Las aerolíneas están cancelando vuelos a diestro y siniestro, y algunos aeropuertos se quedan temporalmente sin existencias. Cuanto más se alargue el conflicto, más pasajeros decidirán quedarse en tierra, convirtiendo cada ruta en una apuesta de alto riesgo.
Chereau no señaló aerolíneas ni aeropuertos concretos, pero dejó claro que estos apagones puntuales podrían repetirse con frecuencia creciente. El sector aéreo, que ya vuela con turbulencias constantes, ahora debe lidiar con un combustible que cuesta más que un billete de primera clase y amenaza con dejar aviones en tierra por falta de queroseno.