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Internacional

¡Tres jóvenes canadienses demandan al gobierno por no tener plan contra el cambio climático… mientras Ottawa se lanza a perforar como si el Ártico fuera un yacimiento de oro negro!

16/06, 14:03:06, 3.png

Tres chavales de Canadá, apoyados por ecologistas que parecen haber leído demasiados panfletos en el metro, han llevado al gobierno federal a los tribunales porque no existe un plan creíble contra el cambio climático de cara a 2030. El asunto llega justo cuando el primer ministro Carney, ese centroizquierdista que juró defender el planeta, ha decidido dar marcha atrás como conductor borracho en una autopista helada: ha suprimido el impuesto al carbono para la gente normal y el tope de emisiones para el petróleo y el gas.

Según los demandantes, el Ejecutivo de Carney lleva un año debilitando, retrasando y borrando de un plumazo las políticas climáticas más importantes del país. La meta de la demanda es obligar al gobierno a dibujar un plan serio que proteja a los canadienses de tormentas, incendios y veranos que ya parecen sacados de una película de catástrofes. Mientras tanto, Ottawa justifica el volantazo diciendo que hay que reforzar la economía para no depender tanto de Estados Unidos, sobre todo ahora que Donald Trump vuelve a agitar el garrote comercial. Traducción: “El planeta puede esperar, necesitamos vender petróleo como si no hubiera mañana… literalmente”.

Los jóvenes y las organizaciones médicas y ecologistas que los respaldan exigen que el gobierno deje de comportarse como un adolescente que promete dejar de fumar y luego se enciende un puro en la puerta del colegio. Carney, por su parte, acelera grandes proyectos energéticos declarados de “interés nacional”, lo que en lenguaje político significa “vamos a perforar hasta que salga petróleo o se nos hunda el país, lo que ocurra primero”.

El resultado es una demanda que suena a pelea de bar entre el que quiere salvar el mundo y el que necesita pagar las facturas. Tres chavales contra un gobierno que ha cambiado de chaqueta climática más veces que un político cambia de corbata antes de un debate. Al final, Canadá sigue sin saber si quiere ser el guardián del Ártico o el nuevo vendedor de combustible del continente. Mientras tanto, los osos polares y los contribuyentes siguen esperando el plan… y el próximo recibo de la luz.