En la cumbre de Évian, los líderes del G7 han decidido que ya basta de postureo y han ordenado a sus ministros de Hacienda y gobernadores de bancos centrales que se pongan las pilas. Quieren un informe urgente sobre cómo la inteligencia artificial puede cargarse la economía mundial o, peor aún, dejarles a ellos sin trabajo. El comunicado oficial suena muy serio, pero en realidad vienen a decir: “Chicos, que el robot nos va a comer el bocadillo”.
Los siete países más ricos del planeta han pedido que se analicen “las oportunidades y los riesgos” de la IA en el sector financiero, la productividad y el empleo. Traducido al lenguaje de la calle: temen que una máquina les quite el puesto a los banqueros, haga que las bolsas se comporten como un casino de Las Vegas en hora punta y deje a millones de trabajadores mirando el techo mientras un algoritmo cobra su sueldo.
Como no se fían ni de sus propios expertos, también han encargado al grupo de ciberseguridad del G7 que busque “buenas prácticas” y que hable con las empresas tecnológicas antes de que sea tarde. Porque, claro, después de ver los últimos modelos de IA, los señores del G7 han decidido que más vale prevenir que curar… o que quedarse sin jubilación.
Además, han prometido estar atentos a las tecnologías cuánticas, por si acaso un día un ordenador cuántico decide que el dinero ya no hace falta y lo reparte todo como si fuera turrón en Nochebuena. Nadie sabe muy bien cómo funciona, pero prefieren tener el informe listo antes de que alguien pulse el botón equivocado.
Mientras tanto, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo ya andan pidiendo datos a todo el mundo tras el último modelo de IA que ha salido al mercado. La empresa que lo creó ha decidido, por ahora, no soltarlo al público general hasta que los reguladores dejen de sudar frío. Porque una cosa es que la IA te ayude a redactar correos y otra muy distinta es que decida que tu hipoteca es un invento del siglo pasado y te deje sin casa.
En resumen, los países más poderosos del planeta han pasado de ignorar la inteligencia artificial a tratarla como si fuera un cuñado que llega a la comida de Navidad con un PowerPoint de 200 diapositivas. Ya avisamos: cuando el robot empiece a pedir aumento de sueldo, nadie podrá decir que no le avisaron.