En la República Democrática del Congo, la Coalición Artículo 64 ha decidido que ya está bien de rodeos y ha convocado una marcha nacional para el 8 de julio con un único objetivo: que Félix Tshisekedi dimita antes de que intente quedarse pegado al sillón presidencial como un chicle en la suela de un zapato. Según la oposición, el presidente está tramando una reforma constitucional disfrazada de referéndum para poder presentarse a un tercer mandato, algo que la Constitución prohíbe expresamente. O sea, el clásico numerito de “no he pedido nada, pero si el pueblo me lo pide… pues mira, repito”.
El portavoz de la coalición ha pedido marchas pacíficas en todas las provincias, territorios y hasta en las jefaturas más remotas, con el lema principal de “¡Tshisekedi, fuera!”. En Kinshasa la cosa empezará en Mont-Ngaliema y promete ser una procesión de pancartas donde se acusa al presidente de traicionar a la nación, pisotear la Constitución y querer balcanizar el país como si estuviera repartiendo cromos. Todo muy elegante y civilizado, salvo por los dos muertos y varios heridos de las protestas de la semana pasada, que la policía se encargó de recordar que “aquí se reprime primero y se pregunta después”.
Tshisekedi, mientras tanto, ha salido con su mejor cara de “yo no he sido” y ha declarado que nunca ha pedido un tercer mandato… pero que si el pueblo se lo pide, él aceptará. Una respuesta tan cínica que parece sacada de un guion de comedia política barata: “No quiero, pero si me obligan, pues mira, repito por tercera vez”.
La Asamblea Nacional ya aprobó el proyecto de ley de referéndums, que según la oposición es el primer paso para cambiar la Constitución antes de que termine el mandato actual. Tshisekedi incluso creó una comisión de expertos para revisar la Carta Magna, lo que provocó que la oposición le acusara de querer convertir el país en su finca particular.
En resumen, otro capítulo de la serie “políticos africanos que no se quieren ir nunca”: un presidente que dice no querer el poder pero lo aceptaría si se lo regalan, y una oposición que convoca marchas para recordarle que dos mandatos son dos, no tres. Porque en el Congo, como en cualquier familia numerosa, el problema nunca es el que llega… es el que se niega a marcharse cuando ya ha abusado de la hospitalidad.