La mandataria mexicana reveló con total tranquilidad que el Castillo de Chapultepec sirvió como sede de una reunión privada organizada por la FIFA antes del Mundial 2026. Funcionarios, gobernadores y empresarios asistieron al evento sin que el asunto pareciera salirse de lo cotidiano.
Durante la mañanera del pueblo del 18 de junio en Palacio Nacional, Claudia Sheinbaum explicó que el inmueble histórico se renta con frecuencia para distintas actividades. La declaración llegó sin dramatismos ni explicaciones adicionales, como quien menciona que el refrigerador ya está casi vacío. El dato se presentó como parte de una operación normal de administración de espacios públicos que generan ingresos y mantienen su utilidad.
El contraste entre la solemnidad del castillo y una reunión de trajes oscuros con credenciales FIFA provocó inevitablemente comparaciones absurdas. Es como si el monumento decidiera tomarse un día libre de protocolos para recibir invitados que hablan de estadios, patrocinios y logística. Nadie alteró el protocolo ni inventó escándalos; simplemente se aplicó la misma regla que rige para otros recintos: si hay demanda y pago, hay evento.
La postura oficial subrayó que el castillo sigue cumpliendo funciones prácticas más allá de su valor simbólico. Mientras algunos podrían imaginar fantasmas coloniales protestando por el ruido de corbatas, la realidad mostró un sitio que sigue operando con eficiencia y sin sobresaltos. Al final, el castillo cobró su cuota y el Mundial avanzó un paso más hacia su inauguración.