En un tono que parece más un regaño de tío enojado que diplomacia, el secretario de Estado Marco Rubio aseguró desde la Casa Blanca que Estados Unidos no tiene un bloqueo petrolero contra Cuba. Según él, la isla está en crisis por pura mala gestión, no por falta de crudo. ¿Y esa flotilla naval en el Caribe? Solo un recordatorio “amigable” para que nadie le venda gasolina a La Habana.
Rubio, de raíces cubanas y con un interés personal que casi parece un reality show familiar, explicó que Cuba solía recibir petróleo gratis de Venezuela, revendiendo el 60% para hacer caja. Pero desde la caída de Nicolás Maduro, se quedaron sin el grifo mágico. Ahora, con cortes de luz más largos que una telenovela, la isla sufre. Trump, por su parte, firmó un decreto el 29 de enero declarando a Cuba una “amenaza extraordinaria”, imponiendo aranceles a quien ose venderle derivados del petróleo. Aunque, curiosamente, un petrolero ruso pasó el filtro. ¿Excepción o guiño geopolítico?
El presidente no se quedó atrás, reforzando sanciones la semana pasada mientras Rubio tacha de “comunistas incompetentes” a los líderes cubanos. “Su modelo no funciona y no saben arreglarlo”, disparó el secretario antes de partir al Vaticano, donde espera charlar sobre América Latina con el papa León XIV. Allí también planea discutir la ayuda humanitaria de seis millones de dólares que EE. UU. envió, pero que, según él, el régimen no deja distribuir directamente, obligándolos a canalizarla por la Iglesia.
¿Bloqueo o simple “desincentivo naval”? Rubio insiste en que quieren ayudar más, pero Cuba debe dar el visto bueno. Mientras, la isla sigue a oscuras, y esta novela caribeña promete más capítulos.