En un movimiento que parece más un cliffhanger de serie que una estrategia militar, Donald Trump suspendió el 5 de mayo la operación “Proyecto Libertad”, apenas un día después de lanzarla para escoltar barcos por el estrecho de Ormuz. El objetivo, según el presidente, es cerrar un acuerdo con Irán y poner fin a la guerra en Oriente Medio que tiene los precios del petróleo más altos que un cohete.
Desde su púlpito digital en Truth Social, Trump fanfarroneó sobre el “enorme éxito militar” y los “grandes avances” hacia un trato definitivo con los líderes iraníes. Por eso, decidió pausar la misión, que comenzó el lunes tras un bloqueo a puertos iraníes impuesto el 13 de abril, para ver si el acuerdo se concreta. ¿Optimismo o pura actuación? Mientras tanto, cientos de barcos siguen atrapados en el Golfo, esperando que esta telenovela diplomática tenga un final feliz.
Irán, sin embargo, no parece estar en mood de aplaudir. Mohamad Baqer Qalibaf, negociador y presidente del Parlamento iraní, soltó en X que su país “ni siquiera ha empezado” el enfrentamiento por Ormuz, esa arteria vital del comercio de crudo y gas. Con un tono que suena a desafío de película de acción, calificó el statu quo de “intolerable” para Estados Unidos y prometió que la “presencia maligna” de Washington y sus aliados disminuirá. ¿Farol o amenaza real?
Por su parte, Marco Rubio, jefe de la diplomacia estadounidense, respaldó a Trump desde la Casa Blanca, confirmando que la fase de “Epic Fury” ha terminado, como se informó al Congreso. ¿Paz a la vista o solo un intermedio antes del próximo episodio explosivo? Ormuz sigue siendo el ring de esta pelea geopolítica.