Vladimir Putin, con la sonrisa de quien acaba de comprar un auto deportivo, anunció este martes que Rusia desplegará su misil nuclear Sarmat a finales de año. Lo describió como “el más poderoso del mundo”, capaz de hacer que cualquier sistema de defensa antimisiles parezca un colador de pasta.
Según el presidente ruso, este misil puede llevar ojivas nucleares y alcanzar objetivos a miles de kilómetros, ya sea en Estados Unidos o Europa, con un alcance de más de 35,000 kilómetros. Su potencia, dice, es cuatro veces superior a cualquier misil occidental. Básicamente, es como si Hulk diseñara cohetes en su tiempo libre. Putin aseguró en televisión que el Sarmat puede atravesar cualquier defensa, presente o futura, como un cuchillo caliente en mantequilla. Sin embargo, analistas occidentales se ríen un poco y dicen que Vlad exagera más que un influencer promocionando té detox.
El Sarmat no ha tenido un historial impecable: una prueba en septiembre de 2024 dejó un cráter en el silo de lanzamiento, como si el misil hubiera decidido hacer un hoyo en uno. Aun así, Sergei Karakayev, comandante de las fuerzas de misiles estratégicos, le vendió a Putin un “éxito rotundo” en el último lanzamiento. Según él, este juguete mejorará las capacidades de combate y disuasión estratégica, que es una forma elegante de decir “no se metan con nosotros”.
Desde la guerra en Ucrania en 2022, Putin no pierde oportunidad de recordar su arsenal nuclear, como un vecino molesto que presume su equipo de sonido. Occidente lo ve como un intento de decir “miren, tengo el botón grande”. ¿Será el Sarmat un as bajo la manga o solo humo y espejos? Mejor no averiguarlo.