Cuba está más intrigada que un gato con una caja cerrada ante la oferta de 100 millones de dólares de Estados Unidos. El canciller Bruno Rodríguez dijo este jueves en X que están “dispuestos” a escuchar los detalles de esta ayuda, mientras la isla enfrenta apagones masivos y un bloqueo energético de Washington que los tiene viendo las estrellas, literalmente, sin luz.
Rodríguez no se lanzó de cabeza a aceptar el cheque. Más bien, puso cara de póker y aseguró que quieren saber cómo se materializaría este ofrecimiento. Es como si dijeran: “Suena bien, pero ¿dónde está la letra pequeña?”. Y no es para menos, porque el gobierno de Donald Trump aclaró el miércoles que esta ayuda viene con una condición más estricta que un contrato de telefonía: debe distribuirse a través de la Iglesia católica. Vamos, que no es un regalo directo, sino más bien un “te ayudo, pero con mis reglas”.
La isla, que lleva semanas a oscuras como si estuviera en un reality de supervivencia, necesita desesperadamente un respiro. Estos apagones han convertido la vida diaria en una lotería de quién tiene batería en la linterna. Sin embargo, aceptar esta ayuda es como bailar un tango con un viejo rival: un paso en falso y todo se complica.
Así que Cuba se sienta a la mesa, pero con cautela, como quien prueba un plato exótico por primera vez. ¿Será este gesto de EE. UU. un verdadero salvavidas o solo un anzuelo con más drama que una telenovela? Mientras tanto, los cubanos cruzan los dedos para que la luz, y la claridad, regresen pronto.