La Embajada de Estados Unidos en La Habana emitió una alerta de seguridad tras las protestas del 13 de mayo contra los apagones masivos que afectan a toda la isla. Los cortes de luz diarios, tanto programados como imprevistos, han dejado sin agua, iluminación, refrigeración y comunicaciones a los cubanos, mientras las filas en las gasolineras se alargan por la escasez de combustible. La legación recordó a sus ciudadanos que eviten multitudes y concentren reservas de agua, comida, combustible y batería en los móviles.
Las autoridades cubanas confirmaron que ya no queda diésel ni fuel oil y describieron la situación como crítica. El ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, señaló que solo queda gas de pozos nacionales y crudo local, pero insistió en que el bloqueo estadounidense ha agravado el problema. Washington impuso en enero restricciones petroleras que amenazan con sanciones a cualquier país que suministre energía a Cuba, lo que cortó el flujo desde Venezuela tras la operación militar estadounidense en Caracas, que terminó con más de cien muertos y la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa.
Aunque las manifestaciones no iban dirigidas contra Estados Unidos, informes indican represión policial agresiva contra los manifestantes. La Embajada aconsejó precaución sin atribuir responsabilidad directa, mientras los cubanos lidian con una red eléctrica cada vez más frágil y sin margen de maniobra.
Al final, los apagones parecen el resultado perfecto de una política que aprieta el grifo energético y luego recomienda a sus ciudadanos quedarse en casa con linterna. La ironía brilla más que la red eléctrica cubana.