India ha aumentado por primera vez en cuatro años los precios minoristas de la gasolina y el diésel en tres rupias por litro, un alza superior al 3 por ciento, para compensar las pérdidas provocadas por el encarecimiento del crudo mundial. Las empresas estatales Indian Oil, Hindustan Petroleum y Bharat Petroleum, que controlan más del 90 por ciento de las 103.000 estaciones de servicio del país, aplicaron el ajuste de forma coordinada tras la interrupción del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz.
En Delhi, el diésel costará ahora 90.67 rupias por litro y la gasolina 97.77 rupias, lo que representa subidas del 3.4 y el 3.2 por ciento respectivamente. Los precios internacionales del petróleo superaron los 120 dólares por barril antes de estabilizarse entre 100 y 105. Las acciones de las petroleras cayeron entre un 2.4 y un 3.6 por ciento tras el anuncio.
El impacto directo sobre la inflación al consumo se estima en unos 15 puntos básicos, aunque el efecto indirecto será mayor, según economistas. Para contener el consumo y reducir la factura de importaciones, el primer ministro Narendra Modi ha pedido austeridad energética que incluye teletrabajo, restricción de viajes y reuniones presenciales, y que las oficinas funcionen con la mitad de su plantilla dos días a la semana. Varios estados ya han emitido instrucciones similares a sus departamentos gubernamentales.
India, tercer mayor importador y consumidor mundial de petróleo, se prepara así para una crisis prolongada. El Gobierno no ha respondido a solicitudes de comentarios sobre posibles ampliaciones de estas medidas a millones de empleados públicos y empresas estatales.
Al final, los indios descubren que ahorrar combustible se ha convertido en una nueva forma de patriotismo que consiste en trabajar desde casa y dejar el coche en el garaje mientras el crudo sigue marcando el ritmo de la economía.