Una delegación estadounidense encabezada por el director de la CIA, John Ratcliffe, llegó a La Habana para reunirse con altos funcionarios cubanos tras una solicitud de Washington. El presidente Donald Trump firmó en enero un decreto que califica a Cuba como una “amenaza excepcional”, endureciendo las sanciones y estableciendo un bloqueo petrolero que amenaza con represalias a cualquier país que suministre combustible a la isla.
Las autoridades cubanas afirmaron que el encuentro permitió demostrar que la isla no representa un riesgo para la seguridad nacional de Estados Unidos. El diálogo se produce en un momento de máxima tensión bilateral, con reportes de que Washington prepara cargos contra Raúl Castro por el derribo de aviones hace tres décadas.
Mientras tanto, La Habana vivió una noche de protestas en varios barrios periféricos, donde centenares de cubanos salieron a las calles con cacerolazos, barricadas de basura en llamas y consignas como “¡Que enciendan las luces!”. Los cortes de electricidad alcanzan entre 20 y 22 horas diarias, tras confirmarse que el país ya no cuenta con reservas de diésel ni fueloil. El ministro de Energía, Vicente de la O Levy, advirtió que las reservas están agotadas y que la situación es crítica.
Al final, la visita de espías y diplomáticos parece coincidir con el momento en que los cubanos deciden que la única forma de llamar la atención es golpear ollas en la oscuridad, recordando que los diálogos de alto nivel suenan mucho más huecos cuando las luces se apagan y nadie parece dispuesto a encenderlas.