El Centro Africano para el Control y la Prevención de Enfermedades confirmó un brote de ébola en la provincia de Ituri, en República Democrática del Congo, con 65 fallecidos entre 246 casos sospechosos. La mayoría de las muertes y contagios se han registrado en las zonas sanitarias de Mongwalu y Rwampara, aunque también se han detectado casos en Bunia, la capital provincial. Cuatro de las muertes corresponden a pacientes confirmados por laboratorio.
Los análisis iniciales indican que se trata de una cepa distinta al ébolavirus Zaire, responsable de los 16 brotes anteriores en el país salvo uno. El virólogo congoleño Jean-Jacques Muyembe advirtió que esta variante complicará la respuesta, ya que los tratamientos y vacunas existentes fueron diseñados específicamente contra la cepa Zaire. La secuenciación genética sigue en curso para identificar con precisión el nuevo linaje.
El organismo ha convocado una reunión urgente con Uganda, Sudán del Sur y socios internacionales para reforzar la vigilancia transfronteriza y la preparación. La preocupación se centra en el contexto urbano de Bunia y Rwampara, el intenso movimiento de población y la actividad minera en zonas cercanas a las fronteras, que podrían acelerar la propagación.
Al final, el virus parece haber decidido reinventarse justo cuando la región empezaba a relajarse, recordando que las fronteras dibujadas en los mapas importan poco cuando un patógeno decide hacer turismo entre países vecinos con minas y mercados abarrotados.