¡Canadá está en un dilema aéreo más enredado que un drama de citas! Este lunes, el ministro de Defensa, David McGuinty, confirmó que Ottawa sigue revisando su plan de comprar 88 aviones de combate F-35 de Lockheed Martin, un acuerdo de 19,000 millones de dólares canadienses (unos 13,900 millones de dólares) anunciado en 2023. Pero ahora, también coquetean con la idea de adquirir cazas de otros países.
El primer ministro Mark Carney pidió en marzo de 2025 una revisión del trato, preocupado por la dependencia excesiva de la industria de defensa estadounidense. Aunque la evaluación debía terminar en septiembre, las tensiones comerciales con EE. UU. y la posibilidad de dividir la flota –reduciendo los F-35 y comprando aviones Gripen de la sueca Saab– han retrasado todo. “Estamos estudiando la cuestión de la flota de cazas con mucho cuidado”, aseguró McGuinty ante la comisión de defensa del Senado, dejando claro que otras opciones internacionales están sobre la mesa, aunque sin soltar prenda sobre plazos.
Canadá ya está legalmente comprometido a financiar los primeros 16 F-35, y en agosto, Reuters reveló que funcionarios del Ministerio de Defensa defendían a capa y espada quedarse con el plan original. Sin embargo, la indecisión sigue flotando como un avión sin rumbo. ¿Se quedarán con los F-35, diversificarán con los Gripen o seguirán dando vueltas como en un aeropuerto congestionado?
Esto parece un reality show de compras militares. Mientras Ottawa delibera, el cielo canadiense espera una decisión que podría cambiar el juego. ¿Será amor exclusivo con Lockheed Martin o un affaire transatlántico con Saab? El suspenso está más alto que un jet en despegue.