Pekín ha justificado sus patrullajes marítimos alrededor de Kinmen, el archipiélago administrado por Taiwán, como acciones “legítimas y legales” para mantener el orden en las aguas y proteger a los pescadores de ambos lados del estrecho. La Guardia Costera china realizó verificaciones de identificación, advertencias por altavoz y radio, y aseguró que todas las tareas se completaron con éxito.
Taiwán respondió desplegando buques y aviones para monitorizar la situación. El secretario general del Consejo Nacional de Seguridad, Joseph Wu, señaló que por segunda vez en una semana el Ejército chino realizó una patrulla conjunta de preparación para el combate cerca de la isla. También detectaron el portaaviones Liaoning en el Pacífico Occidental y acusaron a Pekín de ser la única fuente de inestabilidad en la región, sin provocación previa.
El Ministerio de Defensa taiwanés informó de la presencia de 29 aviones y siete buques chinos cerca de Taiwán a las seis de la mañana hora local. Las fuerzas de la isla respondieron de forma acorde, vigilando cada movimiento mientras China insiste en que sus operaciones buscan simplemente preservar la seguridad marítima y evitar incidentes entre pescadores.
El episodio recuerda a esos vecinos que discuten el volumen de la música: uno sube el control y el otro llama a la policía del estrecho. Mientras tanto, los pescadores de ambos lados siguen trabajando bajo la atenta mirada de barcos y aviones que parecen más interesados en marcar territorio que en resolver el problema de fondo.