Un estudio de la OCDE publicado este lunes analiza dos décadas de ayudas públicas y concluye que China ha estado repartiendo dinero como si fabricara billetes en lugar de baterías. El organismo advierte que, si nadie frena estas distorsiones, todos pagaremos más por los productos.
Entre 2005 y 2024 las empresas chinas recibieron entre tres y ocho veces más apoyo que las de los 38 países miembros de la OCDE. El cálculo, basado en la base de datos MAGIC, cubre quince sectores clave como paneles solares, automoción, semiconductores, acero y construcción naval. En 2024 el total de ayudas alcanzó los 108.000 millones de dólares, la cifra más alta desde la crisis de 2008. Estas subvenciones llegan en forma de dinero directo, exenciones fiscales y préstamos con intereses ridículamente bajos concedidos por bancos públicos.
El resultado es un exceso de capacidad que hunde precios y deja fuera de juego a competidores europeos y estadounidenses. En paneles solares y semiconductores el apoyo público superó el tres por ciento de la facturación anual. Casi el sesenta por ciento de las ganancias de cuota de mercado mundial de China en ese periodo se explica por estas ayudas. Las compañías chinas pueden invertir en más fábricas, esperar años para ganar dinero y resistir cualquier crisis mientras sus rivales luchan por sobrevivir con presupuestos normales.
La OCDE duda que Europa o Estados Unidos puedan igualar ese nivel de generosidad estatal sin arruinarse. Al final parece que fabricar algo competitivo hoy depende menos de ingeniería y más de tener un gobierno dispuesto a firmar cheques infinitos.