¡Pelea de patio trasero! La Comunidad Andina (CAN) ha tenido que meterse de árbitro entre Colombia y Ecuador, ordenándoles bajar el tono a su guerra arancelaria. Con un ultimátum de 10 días hábiles, la CAN exige que desmantelen todas las restricciones comerciales que han convertido la frontera en un culebrón más intenso que una novela de las 8.
Todo empezó cuando Daniel Noboa, presidente de Ecuador, le subió los aranceles a Colombia hasta un 100%, quejándose de un déficit comercial y de que Bogotá no ayuda con la inseguridad en los 586 kilómetros de frontera compartida. Según él, es más fácil pasar droga que cooperación. Gustavo Petro, en respuesta, dijo “ni un chance” y cortó la venta de electricidad, además de pegar tarifas del 35%, 50% y hasta 75% a 190 productos ecuatorianos. Ecuador, no tan manso, bajó sus aranceles al 75% desde el 1 de junio, pero la CAN dijo “basta de juegos”.
El comercio bilateral está más herido que orgullo en una discusión de vecinos. Colombia presume un superávit de 1,016.5 millones de dólares en 2025, exportando desde electricidad hasta cosméticos, mientras importa pescado y aceites vegetales de Ecuador. Pero con esta riña, las cifras se han desplomado. Petro, en un arranque, hasta amenazó con sacar a Colombia de la CAN y meterse al Mercosur, como quien cambia de barrio por puro despecho.
Por ahora, ni Petro ni Noboa han abierto la boca tras el regaño de la CAN, que también incluye a Bolivia y Perú. ¿Obedecerán o seguirán con el drama? Esto está más enredado que un cable de audífonos en el bolsillo.