El Gobierno español decidió inyectar 13.300 millones de euros en un nuevo fondo soberano llamado España Crece para evitar que se acabe el dinero que llegó de Bruselas. Esta medida, aprobada en el Consejo de Ministros, busca mantener vivo el impulso de los fondos Next Generation que están a punto de agotarse. El plan incluye 10.500 millones en préstamos y 2.800 millones en transferencias directas que no habrá que devolver.
La idea es que este mecanismo movilice hasta 120.000 millones de euros en inversiones productivas cuando se combine con capital privado. El fondo dará prioridad a proyectos con alto potencial de transformación, como la construcción de viviendas de alquiler asequible, la transición ecológica y la innovación tecnológica. El Ejecutivo espera que esta inyección actúe como un catalizador que multiplique el efecto de los recursos europeos ya comprometidos.
Con este movimiento, el Gobierno intenta prolongar la sensación de bonanza económica que generaron los fondos de recuperación tras la pandemia. Los sectores elegidos reflejan las grandes apuestas de la legislatura: vivienda, sostenibilidad y tecnología. Aunque las cifras parecen sacadas de un videojuego de gestión financiera, el objetivo real es evitar un frenazo brusco cuando se termine el dinero comunitario. Los analistas ven en este fondo una forma creativa de seguir gastando sin que se note demasiado el vacío que dejará la UE.