Los compradores estadounidenses han vuelto a adquirir trigo molinero polaco en las últimas semanas, atraídos por los elevados precios internos en su país que han abierto la puerta a suministros más baratos procedentes de Europa. Esta nueva oleada de compras se suma a las realizadas en abril sobre la cosecha polaca de 2026 y se estima entre 120,000 y 200,000 toneladas métricas, aunque algunos operadores creen que podría alcanzar las 350,000. El trigo de la cosecha 2025 se enviará en junio y julio a las fábricas de harina de la costa este estadounidense, un movimiento que tiene sentido cuando los precios locales superan con creces a los del Báltico.
Durante la última semana, el trigo duro rojo de invierno estadounidense para junio se cotizó entre 305 y 323 dólares por tonelada en los puertos del Golfo, muy por encima de los 245 a 254 dólares que marcaba el trigo polaco con 12.5 por ciento de proteína. Un operador alemán señaló que los precios internos en Estados Unidos han alcanzado niveles tan altos que ya generan importaciones, y no descartó nuevas operaciones en las próximas semanas. Las compras anteriores de abril, en cambio, estaban destinadas a envíos entre septiembre y noviembre.
El contraste entre los dos mercados convierte cada transacción en un ejercicio de aritmética absurda donde el ahorro justifica cruzar el Atlántico en busca de harina más económica. Mientras los futuros de Chicago y los tipos de cambio siguen bailando, los molinos de la costa este esperan cargamentos que llegan con la puntualidad de un paquete que nadie esperaba. El comercio global demuestra una vez más que, cuando los precios locales se disparan, hasta el trigo polaco encuentra camino hacia las despensas estadounidenses sin necesidad de grandes discursos.