El estrecho de Ormuz sigue más tenso que una cita a ciegas con un ex, y el mundo responde buscando etanol como si fuera la última botella en una fiesta sin alcohol. Estados Unidos y Brasil, los reyes del biocombustible, esperan un auge en las exportaciones gracias a países que quieren diversificar antes de que la crisis petrolera se convierta en costumbre.
Las ventas estadounidenses crecieron un 20 por ciento en lo que va del año, sumándose a los récords previos, mientras Brasil apunta a duplicar con creces sus envíos en la temporada 2026-27 que empezó en abril. La Asociación de Combustibles Renovables reportó 638 millones de galones exportados solo en el primer trimestre, y Datagro calcula que Brasil alcanzará 2.200 millones de litros frente a los 1.000 millones anteriores. Los productores de maíz en Estados Unidos y los ingenios de caña brasileños frotan las manos: más demanda significa mejores precios y producción récord de 41.400 millones de litros en Brasil, con 4.000 millones adicionales este año. Estados Unidos, por su parte, añadirá mil millones de galones de capacidad en los próximos 12 a 18 meses.
El plan revive el viejo sueño de George W. Bush y Lula da Silva de 2007 para crear un mercado global de etanol. Países asiáticos aumentan la mezcla en la gasolina y los analistas como Plinio Nastari y Geoff Cooper señalan que los precios competitivos hacen del etanol una opción atractiva. Incluso si Irán y Estados Unidos reabren Ormuz pronto, la búsqueda de seguridad energética parece haber llegado para quedarse.
Al final, el mundo descubre que depender de un solo proveedor de energía es tan inteligente como apostar todo al mismo número en la ruleta. El etanol, por ahora, parece la ficha más segura.