Irán advirtió que cualquier nuevo ataque estadounidense podría convertir la guerra en un conflicto global. Seis semanas después de que Donald Trump suspendiera la Operación Furia Épica para lograr un alto el fuego, las negociaciones siguen estancadas. Teherán presentó una nueva oferta que incluye control del estrecho de Ormuz, indemnizaciones, levantamiento de sanciones y retirada de tropas estadounidenses, condiciones que Washington ya había rechazado.
Trump aseguró que estuvo a una hora de ordenar nuevos bombardeos pero optó por más diplomacia. Irán respondió amenazando con atacar bases estadounidenses en la región y, esta vez, objetivos más lejanos. La Guardia Revolucionaria advirtió que la “guerra regional se extenderá más allá de la región”. Mientras tanto, Irán mantiene un bloqueo casi total del estrecho de Ormuz, aunque permitió el paso de dos petroleros chinos con cuatro millones de barriles y facilitó el tránsito de un buque coreano. El flujo sigue siendo mínimo comparado con los ciento cuarenta barcos diarios de antes de la guerra.
Los precios del petróleo se mantienen cerca de los ciento diez dólares el barril. Trump oscila entre amenazas de reanudar los ataques y promesas de que la paz está cerca, a menudo en el mismo discurso. El vicepresidente JD Vance se mostró optimista y afirmó que Estados Unidos está en “una posición bastante buena”. Los analistas observan con cautela cómo las posturas cambian día a día.
Al final, la diplomacia actual parece un baile de salón donde todos cambian de pareja sin soltarse las manos. Mientras Irán flexiona músculos y Trump juega con plazos, el mundo sigue pendiente de si el estrecho se abre del todo o se cierra aún más. La paz, por ahora, sigue siendo más una promesa que una realidad concreta.