¡Japón se sacude el polvo pacifista y entra al ring de las armas con todo! Este martes, el gobierno de la primera ministra Sanae Takaichi anunció la mayor reforma en décadas de las normas de exportación de defensa, eliminando restricciones para vender buques de guerra, misiles y más juguetes bélicos al extranjero. ¿La meta? Darle un empujón a su industria de defensa mientras el mundo arde con conflictos.
Takaichi, en un tuit que sonó más a discurso de película de acción, dijo que ningún país puede jugar al lobo solitario en seguridad. Con las guerras en Ucrania y Oriente Medio agotando las fábricas gringas, y con aliados de EE. UU. nerviosos por las idas y venidas de Donald Trump, Japón ve su chance de oro. Adiós a las viejas reglas que limitaban exportaciones a cosas como equipos de rescate o desminado; ahora, cada venta será evaluada como si fuera un episodio de “Shark Tank” militar.
Aunque Japón promete un examen riguroso, controles a terceros y no vender a países en conflicto, hay una letra chica: excepciones por “seguridad nacional”. Traducción: si el negocio pinta bien, se hace. Países como Polonia y Filipinas ya están haciendo ojitos, y Manila podría estrenarse con buques de guerra usados. El secretario de Defensa filipino, Gilberto Teodoro, celebró el cambio como si hubiera ganado la lotería, hablando de “resiliencia” y “disuasión” regional frente a China.
El embajador yanqui en Japón, George Glass, aplaudió en X, diciendo que esto refuerza la paz y la libertad. ¿Paz con misiles? Suena tan lógico como pedir sushi en una pizzería.