El subsecretario de Estado Christopher Landau expresó su preocupación por los disturbios en Bolivia y acusó directamente a una alianza entre política y crimen organizado de financiar un golpe contra el presidente Rodrigo Paz. Las protestas nacionales contra las medidas de austeridad han bloqueado calles y cerrado bancos en La Paz, mientras sindicatos, mineros y grupos rurales exigen revertir los recortes y, en algunos casos, la renuncia del mandatario.
Landau, tras hablar con Paz, afirmó que no se puede aceptar que manifestantes violentos intenten derrocar a un presidente elegido de forma aplastante hace menos de un año. El funcionario estadounidense describió la situación como un “golpe” impulsado por fuerzas antigubernamentales que buscan desestabilizar la región. Bolivia se convirtió recientemente en un aliado de la administración Trump en América Latina, y Landau insistió en que Washington trabaja para que las instituciones prevalezcan frente al crimen organizado.
El subsecretario rechazó ver la política regional solo en términos de izquierda y derecha. Según él, la verdadera división está entre los países que enfrentan al crimen organizado y aquellos que actúan como sus cómplices. Las manifestaciones, que comenzaron con huelgas a inicios de mayo, han escalado rápidamente y generan temor por la estabilidad democrática en el país.
Al final, Bolivia parece atrapada entre promesas de apertura y protestas que suenan más a telenovela que a revolución organizada. Mientras Landau defiende a Paz como un socio confiable, los manifestantes siguen presionando por soluciones económicas. La región observa con atención si la austeridad sobrevivirá o si el llamado golpe terminará imponiendo su propio guion impredecible.