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Internacional

Migrantes latinoamericanos en el Congo: ¿Deportación o reality extremo?

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¡Esto parece un guion de película distópica! Unos 15 migrantes latinoamericanos, expulsados de Estados Unidos, llevan días atrapados en un hotel en Kinshasa, República Democrática del Congo, a miles de kilómetros de casa. Tras un vuelo de 27 horas, esposados de pies y manos, aterrizaron en un país que ni siquiera sabían que sería su destino hasta poco antes.

Gabriela, una colombiana de 30 años, no oculta su terror: “No quería ir al Congo. Tengo miedo, no conozco el idioma”. A mediados de abril, el Congo se sumó a la lista de países africanos como Camerún, Ghana y Ruanda que aceptan migrantes bajo el polémico plan de Washington de enviar indocumentados a terceros países. Aunque EE. UU. financia la operación, las autoridades locales guardan silencio sobre qué pasa con ellos al llegar. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) dice que les dan visados cortos y ofrecen “retorno voluntario asistido”, pero suena más a consuelo que a solución.

En Kinshasa, una megalópolis de 17 millones de habitantes, los migrantes están confinados en un complejo cerca del aeropuerto, durmiendo en casitas blancas sin poder salir ni recibir visitas. Policías, militares y hasta personal de seguridad privada rondan el lugar. Gabriela cuenta que varios han enfermado con fiebre y vómitos, pero les dicen que “se adapten”. Con solo 100 dólares de la OIM y visados de siete días prorrogables a tres meses, la presión es brutal: o aceptan repatriación o los dejan “a su suerte”.

Pegados a sus teléfonos, intentan contactar a sus familias sin hablar francés. “Es inhumano e injusto”, dice Gabriela. ¿Deportación o experimento social? Esto pinta más raro que un pez fuera del agua en el desierto.