Benjamin Netanyahu anunció que las fuerzas israelíes avanzan con “importantes efectivos sobre el terreno” en el sur del Líbano y ya controlan zonas estratégicas. La declaración llega justo cuando el ejército amplía su presencia más allá de la llamada Línea Amarilla, una franja de amortiguación que Israel trazó varios kilómetros dentro del territorio libanés tras el alto el fuego del 16 de abril con Hezbolá.
Esta línea, distinta de la Línea Azul de la ONU, forma parte de un corredor de entre cinco y diez kilómetros donde las tropas operan en decenas de pueblos prácticamente vacíos. El primer ministro aseguró que Israel intensificará los ataques contra el grupo respaldado por Irán, que según un funcionario estadounidense ha hecho caso omiso de las advertencias para detener los disparos que ponen en riesgo las negociaciones entre Washington y Teherán. Las fuentes militares no precisaron la profundidad exacta del nuevo avance, pero confirmaron que las operaciones terrestres superan claramente los límites pactados semanas atrás.
La medida llega en plena escalada de hostilidades transfronterizas pese al supuesto cese de fuego. Netanyahu parece decidido a convertir la franja de seguridad en una realidad permanente, mientras los pueblos abandonados del sur libanés se convierten en escenario de un juego de ajedrez militar que nadie parece dispuesto a terminar pronto. La paz, al parecer, requiere más kilómetros de ocupación.