Rumania decidió que ya basta de drones rusos paseándose por su territorio como si fuera un atajo hacia Ucrania. Tras el impacto de un aparato no invitado en un edificio de Galati, que dejó dos heridos leves, el presidente Nicusor Dan declaró persona non grata al cónsul general ruso en Constanza y ordenó cerrar el consulado. El dron, parte de un ataque ruso contra objetivos civiles ucranianos cerca de la frontera, entró en espacio aéreo rumano y se estrelló contra un techo, provocando un incendio.
El Ministerio de Defensa explicó que las fuerzas locales solo tuvieron cuatro minutos para reaccionar, tiempo insuficiente para neutralizarlo sin arriesgar civiles. El general Gheorghe Maxim confirmó que no hubo oportunidad realista de intervención segura. Dan convocó al Consejo Supremo de Defensa y calificó el incidente como el más grave desde la invasión rusa de 2022. La OTAN, la Unión Europea y líderes como Ursula von der Leyen, Maia Sandu, Mark Rutte y el embajador estadounidense Matthew Whitaker condenaron la escalada irresponsable de Rusia.
Moscú ya anunció represalias mientras Bucarest pide más sistemas antiaéreos. Otros países de la alianza, como Polonia y los bálticos, observan con preocupación cómo estos errores de cálculo amenazan la región del mar Negro. La diplomacia rumana optó por respuestas firmes pero medidas, evitando convertir el incidente en una crisis mayor.
Al final, un dron extraviado logró lo que meses de tensiones no consiguieron: cerrar un consulado y recordarle a todos que la guerra no entiende de fronteras ni de horarios convenientes.