Rusia mantiene conversaciones con las autoridades cubanas para ayudar con el suministro energético en medio de una crisis que el Kremlin describe como “difícil”. Durante dos semanas consecutivas, el combustible ha desaparecido de las gasolineras estatales de La Habana, donde el bloqueo estadounidense ha estrangulado las importaciones y forzado un racionamiento extremo. El portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, confirmó que mantienen contacto con la cúpula cubana, a la que calificó como “nuestros amigos”, aunque se limitó a señalar que la situación es “verdaderamente difícil”.
Las autoridades de la isla ratificaron que ya no queda diésel ni fuel oil y que la condición es crítica por las restricciones de Washington. El ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, explicó que solo cuentan con gas de pozos nacionales y crudo local, cuya producción ha aumentado, pero insistió en que el bloqueo petrolero impuesto en enero ha cortado cualquier otra vía de abastecimiento. Estados Unidos amenaza con sanciones y aranceles a cualquier país que entregue energía a Cuba, lo que agravó la escasez tras la pérdida del suministro venezolano a inicios de año.
Esa fuente se interrumpió tras la operación militar estadounidense en Caracas, que terminó con más de cien muertos y la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa. Ahora Moscú aparece como posible salvavidas energético, aunque Peskov evitó detalles concretos sobre qué ayuda podría llegar.
Al final, la amistad ruso-cubana parece resurgir cada vez que el grifo de combustible se cierra, recordando que en política internacional hasta los viejos aliados pueden convertirse en la última estación de servicio disponible.