¡Drama en Londres que ni las mejores series de la BBC! El primer ministro británico, Keir Starmer, enfrentó el 22 de abril una lluvia de críticas en el Parlamento por nombrar a Peter Mandelson como embajador en Washington, a pesar de sus turbios lazos con el fallecido Jeffrey Epstein. Starmer, más terco que un burro en lunes, insistió: “Nada me desviará de servir a mi país”.
Este culebrón lleva meses dando de qué hablar, y esta semana Starmer tuvo que defenderse por segunda vez. En septiembre pasado, destituyó a Mandelson acusándolo de “mentir repetidamente” sobre su relación con Epstein, quien murió en prisión en 2019. Pero el escándalo resurgió como zombie el jueves, cuando The Guardian reveló que el Ministerio de Relaciones Exteriores aprobó a Mandelson para el cargo en 2025, ignorando un dictamen desfavorable sobre sus antecedentes. ¡Un papelón diplomático de campeonato!
La cosa se puso más caliente con Olly Robbins, exfuncionario del Foreign Office echado por Starmer tras las filtraciones, quien denunció ante una comisión parlamentaria “presión constante” de Downing Street para empujar el nombramiento. Y por si fuera poco, un informe destapó que Mandelson siguió en el consejo de Systema, una empresa de defensa ligada al Kremlin, mucho después de la invasión de Ucrania por Putin en 2014. La oposición, liderada por Badenoch, no suelta el hueso y sigue apretando.
Starmer está más acorralado que un gato en un callejón. ¿Sobrevivirá este huracán político o terminará siendo un episodio más de intrigas palaciegas? Esto está más enredado que un cable de audífonos en la mochila.