Donald Trump abandonó China sin logros comerciales significativos ni ayuda concreta de Pekín para resolver su conflicto con Irán, pese a dos días de elogios hacia Xi Jinping. La visita, la primera de un presidente estadounidense desde 2017, buscaba reforzar su imagen antes de las elecciones de mitad de mandato, pero terminó con más ceremonias que resultados tangibles.
Durante la cumbre, Xi advirtió en privado que cualquier error de cálculo sobre Taiwán podría derivar en conflicto, mientras Trump se mantuvo comedido y centró sus comentarios en alabar la cordialidad del líder chino. Ambos hablaron de Irán y coincidieron en la necesidad de reabrir el estrecho de Ormuz, aunque analistas dudan de que Pekín presione con fuerza a Teherán. Trump anunció un pedido de 200 aviones Boeing, muy por debajo de las expectativas del mercado, y mencionó avances en productos agrícolas y 30.000 millones de dólares en bienes no sensibles. Sin embargo, no hubo progreso en chips avanzados de Nvidia ni en el suministro de tierras raras, que China controla desde abril.
Xi priorizó una relación comercial estable a largo plazo, mientras Trump buscaba victorias inmediatas. Las acciones de Boeing cayeron más de un 4 por ciento tras conocerse el modesto pedido. El secretario de Estado Marco Rubio confirmó que Trump planteó el caso del magnate hongkonés Jimmy Lai, condenado a 20 años de cárcel.
Al final, la cumbre dejó una relación que ambos describen como la más importante del mundo, aunque con más abrazos diplomáticos que soluciones concretas, recordando que en la política internacional hasta los elogios más efusivos pueden esconder advertencias sobre islas que nadie quiere mencionar en voz alta.